La mayoría de perfiles de LinkedIn están escritos como un currículum: cargo, empresa, fechas. Eso sirve para que alguien de selección te encuentre, pero no para que un cliente potencial entienda en diez segundos qué problema le resuelves. Esta guía trabaja sobre esa diferencia.
Es el primer módulo completo de nuestro curso de LinkedIn con IA, y está dedicado entero al perfil: el titular, la sección Acerca de, la experiencia, las recomendaciones y el Social Selling Index. Va primero porque todo lo demás (contenido, conversaciones, prospección) acaba llevando tráfico aquí, y de nada sirve traer gente a una página que no explica qué vendes.
Estás leyendo gratis el primer módulo del curso LinkedIn con IA: Marca Personal y Ventas B2B. No hace falta registrarse.
Contenido de esta página
- Un perfil no es un currículum
- El titular: el texto tuyo que más gente lee
- Acerca de: tu carta de ventas
- Experiencia: de tarea a logro
- Recomendaciones: lo único que no escribes tú
- Social Selling Index: un diagnóstico, no un objetivo
Un perfil no es un currículum
Qué hace bien la IA aquí y qué no
La IA generativa es útil en tres cosas concretas para LinkedIn: producir variantes de un mismo mensaje para que las compares, estructurar material que tú ya tienes (notas de una reunión, un caso de cliente, una objeción que te repiten) y darte un punto de partida cuando la página en blanco te bloquea.
Es mala en otras tres. No conoce tu contexto salvo que se lo des. Inventa datos con total seguridad cuando no los tiene. Y produce un registro plano y reconocible si aceptas su primer borrador. De ahí la regla que atraviesa todo el curso: ningún texto se publica sin que tú lo revises y lo reescribas en parte. Comprueba cifras, nombres y afirmaciones antes de publicar; si un dato no lo puedes verificar, no va.
Hay además dos límites que conviene tener claros desde el principio. El primero: las condiciones de uso de LinkedIn prohíben el scraping no autorizado y la mayoría de herramientas de terceros que actúan en tu nombre, como el envío masivo de invitaciones o los mensajes automáticos. El riesgo no es teórico: es la restricción o el cierre de tu cuenta. Aquí automatizamos la preparación del contenido, nunca la interacción. El segundo: cuando la plataforma exija declarar que un contenido se ha generado o modificado con IA, decláralo. Las reglas al respecto se han ido endureciendo en todas las redes y conviene ir por delante.
Cómo se ordena el trabajo
- Perfil: titular, sección Acerca de, experiencia, recomendaciones y Social Selling Index. Es este módulo, y va primero porque todo lo demás termina trayendo gente aquí.
- Estrategia de contenido: formatos, frecuencia, calendario editorial y análisis de lo que ya funciona en tu nicho.
- Producción: posts de texto, carruseles, vídeo nativo, newsletter y artículos, con la IA en el borrador y tú en el criterio.
Trabaja con un documento vivo. Abre un archivo donde guardes tu posicionamiento en una frase, tus tres temas recurrentes, tu cliente ideal y los prompts que te funcionen. Ese documento es el contexto que pegarás al principio de cada conversación con la IA; sin él, cada sesión empieza de cero y los resultados salen genéricos.
Tu punto de partida, por escrito
Antes de cambiar nada, deja constancia de cómo estás hoy. Un diagnóstico inicial cabe en seis líneas: tu titular actual tal cual está; cuántas líneas tiene tu sección Acerca de y en qué persona está escrita; cuántas publicaciones has hecho en los últimos noventa días; qué términos buscaría un cliente y si aparecen o no en tu perfil; y en qué estado están tu foto y tu portada.
Con ese cuadro delante ya sabes por dónde empezar, y tienes una referencia honesta con la que compararte dentro de ocho semanas en lugar de una intuición.
Una advertencia sobre expectativas
Nadie puede garantizarte un número de clientes ni de impresiones, y conviene desconfiar de quien lo haga. Tampoco vamos a describirte el algoritmo de LinkedIn como si estuviera documentado, porque no lo está: lo que circula son observaciones de terceros, útiles como hipótesis y peligrosas como certezas. Lo que sí controlas es el proceso: un perfil que explica lo que haces, publicaciones regulares sobre los problemas de tu cliente y conversaciones iniciadas cada semana. Este curso es formación privada y no otorga ninguna titulación oficial.
Ejercicio 1: monta tu documento de contexto
- Crea el documento y escribe tu posicionamiento en una sola frase: ayudo a tal perfil a conseguir tal resultado mediante tal método.
- Rellena el cuadro de diagnóstico con tus datos reales y la fecha de hoy.
- Anota las cinco expresiones que tu cliente ideal escribiría en el buscador de LinkedIn y marca cuáles aparecen ya en tu perfil.
- Lista tres temas sobre los que podrías escribir cada semana durante seis meses sin quedarte sin material.
- Guarda una captura de tu perfil actual: te servirá de comparación al terminar.
Qué deberías tener al acabar: una frase de posicionamiento y una foto fija de tu punto de partida. Todo lo que sigue se apoya en esas dos cosas.
El titular: el texto tuyo que más gente lee
El titular es el único texto tuyo que viaja a todas partes: aparece bajo tu nombre en el feed, en cada comentario que dejas, en los resultados de búsqueda, en las invitaciones que envías y en las notificaciones. Es lo que más gente lee de tu perfil y casi siempre lo peor escrito, porque la mayoría deja el cargo que la plataforma coloca por defecto al rellenar la experiencia.
Un titular del tipo «Consultora Senior en una gran firma» dice dónde trabajas, no a quién ayudas ni con qué. Y en el móvil, donde se corta a las primeras palabras, esa información es lo único visible. Comprueba en el editor el límite de caracteres vigente y da por hecho que sólo el primer tercio se lee siempre. El titular es además uno de los campos que el buscador tiene en cuenta, aunque la plataforma no publica cómo pondera cada uno: trátalo como buena práctica observada, no como una mecánica garantizada.
Fórmula 1: cliente, resultado y método
La más directa, y la mejor si vendes servicios. La estructura es sencilla: a quién sirves, qué consigue contigo y cómo lo haces. En lugar de «Consultora de marketing digital», algo como «Ayudo a clínicas dentales privadas a llenar agenda sin depender de la publicidad de pago, con captación local y reputación».
El fallo típico es la generalidad. «Ayudo a empresas a crecer» no describe a nadie. Cuanto más estrecho es el cliente, más rápido se reconoce quien encaja, y perder a quien no encaja es exactamente lo que quieres.
Fórmula 2: cargo buscable, especialidad y señal de credibilidad
Úsala si tu cargo ya es un término que la gente busca (abogado laboralista, ingeniero de datos, directora financiera) o si te mueves entre el empleo y los servicios. Pones delante la palabra que se busca y detrás lo que te diferencia, cerrando con una prueba verificable. La señal de credibilidad tiene que ser comprobable en tu propio perfil: una certificación real, años de oficio, un libro, docencia. Si tienes que inventarla, sobra.
Fórmula 3: la tensión del cliente
Arranca con la frase que tu cliente diría en voz alta y sigue con tu papel. Funciona bien en nichos saturados, donde todos escriben lo mismo: una queja entrecomillada del tipo «mi comité no toma decisiones, las aplaza», seguida de a quién te diriges, distingue más que cualquier adjetivo.
Cómo usar la IA sin que suene a IA
La IA no sabe qué haces: dale material. Pega tu documento de contexto, tres frases textuales de clientes reales y tu oferta, y pide variantes, no una respuesta. Un encargo que funciona es pedir doce titulares repartidos en partes iguales entre las tres fórmulas, por debajo del límite de caracteres, sin superlativos, sin la palabra «experto» y sin emojis, y que marque en cada uno cuál es la palabra buscable.
Luego descarta todo lo que no sea verdad, une lo mejor de dos o tres y reescribe la frase final con tus palabras. Léela en voz alta: si no la dirías en una reunión, no la publiques.
Ejercicio 2: reescribe tu titular
- Escribe tu titular actual y subraya qué parte informa al cliente. Si no hay ninguna, ya tienes el diagnóstico.
- Redacta a mano una versión con cada una de las tres fórmulas, sin IA todavía.
- Lanza el encargo anterior con tu contexto real y quédate con tres candidatos.
- Recorta cada candidato para que las primeras seis palabras funcionen solas en el móvil.
- Enséñaselos a alguien de tu sector y pregúntale qué cree que vendes. Elige el que acierte.
- Publica el elegido y anota la fecha en tu documento de contexto.
Qué deberías tener al acabar: un titular que alguien ajeno a tu sector entiende sin explicaciones, y la certeza de que su primer tercio funciona solo.
Acerca de: tu carta de ventas
La sección Acerca de es el espacio más largo que LinkedIn te da para vender y el que más se desaprovecha: casi todo el mundo usa cuatro líneas en tercera persona copiadas del currículum. Trátalo como una carta de ventas. Alguien llega desde un comentario tuyo, no te conoce y decide en unos segundos si sigue leyendo o se va.
Dos restricciones condicionan la redacción. La primera: sólo se ven las primeras líneas antes del botón para desplegar, así que las frases iniciales tienen que dar ganas de pulsar. La segunda: se lee en móvil, en vertical y con prisa, de modo que los párrafos van de una a tres líneas y los bloques compactos matan la lectura. El límite de caracteres del campo lo comprueba en el editor, porque cambia.
Estructura en cinco bloques
- Gancho: una afirmación concreta sobre el problema de tu cliente, no sobre ti. Nada de «apasionado de la tecnología».
- Problema: describe la situación que vive quien te contrata, con su vocabulario, antes de llamarte.
- Cómo trabajas: tu método en tres pasos o tres principios. Aquí es donde demuestras criterio.
- Prueba: hechos verificables. Años, tipo de proyectos, sectores, formación que impartes, clientes que puedas nombrar con permiso. Si no tienes cifras que puedas sostener, describe el alcance sin inventar porcentajes.
- Llamada a la acción: qué quieres que haga quien ha llegado hasta el final. Una sola acción, explícita.
Qué distingue a uno bueno
Imagina la sección de una consultora de operaciones que vende auditorías de planta. Abre con una observación incómoda y precisa: una planta que va «bien» suele tener tres turnos midiendo cosas distintas y llamándolas igual. Sigue describiendo lo que se encuentra siempre al llegar: indicadores que nadie sabe reconstruir, mantenimiento y producción discutiendo por paradas que no están registradas, una hoja de cálculo que sólo entiende quien la creó hace años. Después su método en tres fases, con una decisión visible en cada una. Luego su credencial real: su titulación, los años que lleva en ese sector concreto y dónde da clase. Y al final una única llamada a la acción con una promesa modesta y verificable.
Fíjate en lo que no hay: ni adjetivos sobre sí misma, ni resultados numéricos que no podría demostrar, ni promesas. La credibilidad viene de la precisión del diagnóstico, que es lo único que un cliente puede reconocer como cierto sin fiarse todavía de ti.
El papel de la IA
Usa la IA para pasar de material bruto a estructura, no para que invente tu historia. Grábate cinco minutos contando cómo trabajas, transcríbelo y dale la transcripción entera junto con tres frases textuales que te digan tus clientes. Pídele la sección con la estructura de los cinco bloques, en primera persona y en español de España, frases cortas, sin emojis y sin superlativos, con una instrucción innegociable: que use sólo hechos que aparezcan en la transcripción y que marque como pendiente cualquier hueco en lugar de rellenarlo.
Ese marcador es la parte importante. Te obliga a rellenar tú los huecos con datos reales, en vez de aceptar un relleno plausible que luego no puedes defender delante de un cliente.
Ejercicio 3: reescribe tu Acerca de
- Grábate cinco minutos respondiendo a cuatro preguntas: a quién ayudo, qué me encuentro siempre, cómo trabajo y qué me distingue.
- Transcribe el audio y pásalo por el encargo anterior.
- Sustituye cada marca de hueco por un hecho comprobable, o elimina la frase.
- Reescribe las tres primeras líneas hasta que funcionen solas, sin el resto del texto.
- Cierra con una única llamada a la acción concreta y publícala.
Qué deberías tener al acabar: un texto que empieza hablando del problema de otro y termina pidiendo una sola cosa. Con eso ya estás por delante de la mayoría.
Experiencia: de tarea a logro
La sección de experiencia es donde el perfil se derrumba. La gente copia la descripción del puesto que le pasó recursos humanos: «responsable de la gestión del equipo comercial y del cumplimiento de objetivos». Eso describe una silla, no a una persona. Quien te está evaluando ya sabe lo que hace un director comercial; lo que quiere saber es qué hiciste tú ahí que otro no habría hecho.
Cada puesto admite una descripción larga, aunque el límite exacto conviene comprobarlo en el editor porque cambia con frecuencia. No hace falta llenarla en todos: prioriza los dos o tres puestos que sostienen tu posicionamiento actual y deja los antiguos en una o dos líneas.
Situación, acción, resultado
Un logro tiene tres partes: qué estaba pasando, qué hiciste tú y qué cambió. Si te falta la tercera, sigue siendo una tarea. En lugar de «gestión del proceso de compras y relación con proveedores», algo así: heredaste una cartera de proveedores sin homologar y con tres sistemas de pedido distintos; consolidaste una categoría en unos pocos proveedores, negociaste precio a doce meses y llevaste los pedidos a un único portal; y la compra de esa categoría pasó de tardar días a cerrarse el mismo día.
Sobre los números, una regla estricta: usa sólo los que puedas defender si te preguntan en una entrevista o en una llamada de ventas. Si no tienes la cifra, o está sujeta a confidencialidad, describe el cambio en términos cualitativos: de un proceso manual a uno automático, de la doble grabación de datos a ninguna. Un porcentaje inventado se cae a la primera pregunta y se lleva por delante tu credibilidad entera.
Qué poner y qué quitar en cada puesto
- Una línea de contexto: tamaño de la empresa, sector y alcance de tu puesto. Sin esto nadie sabe si tu logro fue grande o pequeño.
- Tres o cuatro logros, cada uno con su resultado. Más de cuatro y no se lee ninguno.
- El vocabulario de tu cliente: los términos que esa persona buscaría. Si vendes a directores de planta, escribe «paradas no planificadas», no «optimización de procesos productivos».
- Aptitudes asociadas al puesto: elige las que quieres que te definan, no las veinte que se te ocurran.
- Material adjunto: una presentación, un enlace a un caso, un vídeo. Un puesto con prueba visible pesa más que uno sólo descrito.
La IA como entrevistadora, no como redactora
El error habitual es pedirle a la IA que «mejore» tu descripción: devuelve la misma frase vacía con más adjetivos. Dale la vuelta y úsala para sacarte la información que ya tienes en la cabeza. Pídele que actúe como entrevistadora exigente, dale el cargo, la empresa, el sector, el tamaño y las fechas, y que te haga diez preguntas de una en una, esperando tu respuesta antes de la siguiente: qué te encontraste al llegar, qué decidiste cambiar, qué te costó, qué mediste y qué quedó funcionando cuando te fuiste. Y que no proponga logros ella.
Cuando termines la entrevista, pídele que convierta tus respuestas en tres o cuatro párrafos con la estructura de situación, acción y resultado, y que marque como sin dato cualquier resultado que tú no hayas dado. Después rellenas o eliminas. Ese filtro es lo que impide que se cuele una cifra inventada.
Ejercicio 4: dos puestos bien escritos
- Elige los dos puestos que más apoyan lo que vendes hoy y deja los demás en una línea.
- Haz la entrevista con la IA para el primero, respondiendo con detalle y sin adornos.
- Redacta la línea de contexto y tres logros con resultado comprobable.
- Sustituye cada marca de «sin dato» por un hecho real o borra la frase entera.
- Vincula tres aptitudes a ese puesto y añade un material adjunto si lo tienes.
- Repite con el segundo puesto y guarda las respuestas de la entrevista: te servirán para escribir publicaciones.
Qué deberías tener al acabar: dos puestos que cuentan decisiones en lugar de funciones, y un material en bruto del que saldrán tus próximas publicaciones.
Recomendaciones: lo único que no escribes tú
Las recomendaciones son el único contenido de tu perfil que no has escrito tú. Por eso pesan: un párrafo firmado por un cliente con nombre, foto y empresa dice más que tres secciones de autobombo. Y por eso casi nadie las tiene actualizadas: pedirlas da apuro y la petición por defecto de la plataforma es tan fría que se ignora sola.
El problema real no es que la gente no quiera recomendarte, es que no sabe qué escribir. Le pides «una recomendación», se queda en blanco delante del cuadro de texto, lo deja para luego y no vuelve. Tu trabajo es eliminar ese bloqueo sin ponerle palabras en la boca.
A quién pedirlas y en qué orden
Sirven las que respaldan lo que vendes ahora. Una recomendación excelente de un jefe de hace nueve años sobre una función que ya no ejerces no suma nada.
- Clientes recientes de un proyecto cerrado y con buen final, idealmente en los dos meses siguientes a la entrega, cuando el recuerdo está fresco.
- Compañeros de proyecto de otra empresa: aportan la mirada de quien te vio trabajar, no sólo el resultado.
- Personas a las que dirigiste: hablan de cómo eres cuando nadie te evalúa.
- Proveedores o socios, útiles si vendes servicios y quieres mostrar cómo te comportas en la relación larga.
Tres o cuatro recomendaciones bien orientadas y variadas valen más que quince genéricas del tipo «gran profesional y mejor persona».
Cómo pedirla sin dictarla
La petición se envía desde el perfil de esa persona; la ruta exacta cambia cada pocos meses, así que búscala en el menú de acciones y no te fíes de instrucciones antiguas. Lo que de verdad importa es el mensaje que la acompaña, y funciona cuando hace tres cosas: recuerda el proyecto concreto y la fecha, rebaja el listón diciendo que con tres o cuatro frases basta, y sugiere dos temas posibles dejando claro que puede contar otra cosa si lo prefiere. Ofrecer reciprocidad al final ayuda, siempre que sea sincera.
Hay una línea que conviene no cruzar: redactar tú la recomendación completa y pedir que la peguen tal cual. Quien la lee cree estar leyendo la opinión de otra persona. Aporta hechos y recuerdos; deja la valoración a quien firma.
Dónde entra la IA
La IA te ayuda a preparar la petición, no la recomendación. Dale el contexto del proyecto (qué hicisteis, fechas, con quién, qué salió bien y qué fue difícil) y pídele un mensaje breve, en tono directo y en español de España, sin halagos, que recuerde un momento concreto compartido, sugiera dos temas sin imponerlos, deje claro que tres frases bastan y ofrezca reciprocidad. Ponle un máximo de palabras y reescríbelo a tu manera antes de enviarlo.
Si eres tú quien escribe una recomendación para otra persona, la IA puede ordenar tus notas, pero la opinión tiene que ser tuya y verdadera. Escribir elogios que no sostienes sale caro el día que alguien contrata a esa persona por tu firma.
Ejercicio 5: pide tres recomendaciones
- Lista seis personas que te vieron trabajar en los últimos dos años y ordénalas por lo bien que respaldan lo que vendes hoy.
- Escribe para cada una, en dos líneas, el momento concreto que recordarás en el mensaje.
- Genera tres peticiones personalizadas y reescríbelas a tu manera.
- Envía las tres esta semana, una a una, nunca en bloque.
- Ofrece a dos de ellas una recomendación tuya, escrita por ti y con hechos concretos.
Qué deberías tener al acabar: tres peticiones enviadas. La tasa de respuesta depende de la relación, no de la plantilla, y por eso el trabajo está en la lista, no en el texto.
Social Selling Index: un diagnóstico, no un objetivo
El Social Selling Index es una puntuación de 0 a 100 que LinkedIn calcula sobre tu actividad y que puedes consultar gratis en la página que la propia plataforma dedica a ello. No es un premio ni un objetivo comercial: es un diagnóstico direccional. Sirve para detectar en cuál de las cuatro patas de tu presencia estás flojo, y poco más. Nadie compra por tu puntuación.
Conviene decirlo pronto, porque circulan muchas cifras sobre lo que significa cada tramo. LinkedIn no publica la fórmula exacta ni el peso de cada acción, y la puntuación se compara con tu sector y con tu red, no en términos absolutos. Cualquiera que te dé un número mágico que alcanzar se lo está inventando.
Los cuatro componentes y qué hacer con cada uno
- Crear tu marca profesional. Recoge lo trabajado en las secciones anteriores: perfil completo, titular útil, sección Acerca de, recomendaciones y publicaciones propias. Es la pata que más depende de ti y la más rápida de mover.
- Encontrar a las personas adecuadas. Refleja si buscas y localizas perfiles concretos en lugar de aceptar lo que llega. Se trabaja usando el buscador con filtros y guardando búsquedas por tipo de cargo y sector.
- Interactuar con información. Comentarios, publicaciones compartidas con aportación propia, participación en conversaciones ajenas. Comentar bien tres publicaciones al día mueve esta pata más que publicar una vez a la semana.
- Crear relaciones. Conexiones aceptadas con personas relevantes y conversaciones que continúan. Aquí la calidad importa más que el volumen.
Si tu puntuación total es baja pero uniforme, el problema es de actividad general. Si tienes una pata muy por debajo de las otras tres, ahí está tu tarea de las próximas semanas.
Un plan semanal realista
La trampa está en intentar subir la puntuación con volumen. Publicar cinco veces al día y aceptar todas las invitaciones que llegan te deja una red irrelevante. Un reparto sostenible para alguien con un trabajo a tiempo completo se parece a esto: dos días de la semana con una publicación propia más tres comentarios en tu nicho; los otros días, tres comentarios y o bien cinco invitaciones con nota personal, o bien dos conversaciones privadas retomadas; y un día al final de la semana para revisar búsquedas guardadas y preparar el contenido siguiente.
Ninguna de estas acciones es automatizable con herramientas de terceros. Las condiciones de LinkedIn prohíben los programas que actúan en tu nombre, y la consecuencia habitual es la restricción de la cuenta. La IA te ayuda antes: a preparar comentarios, a redactar notas, a decidir a quién buscar. El clic lo das tú.
La IA para la pata que tengas más floja
Dale tu puntuación con el desglose de las cuatro dimensiones, tu cliente ideal y tu sector, y pídele un plan de cuatro semanas centrado sólo en la dimensión más baja, con acciones concretas de menos de veinte minutos al día que puedas hacer manualmente, sin herramientas externas ni automatizaciones, y con lo que medirás cada viernes. Un plan que abarque las cuatro patas a la vez no lo vas a cumplir.
Ejercicio 6: mide, elige una pata y trabájala
- Consulta tu puntuación y anota el total y las cuatro dimensiones con la fecha.
- Identifica la dimensión más baja y escribe en una frase por qué crees que lo está.
- Genera el plan de cuatro semanas y recórtalo a lo que de verdad vas a hacer.
- Bloquea en tu calendario los huecos diarios del plan semanal, aunque sean de quince minutos.
- Vuelve a consultar la puntuación dentro de un mes y compara las cuatro dimensiones, no sólo el total.
Qué deberías tener al acabar: un perfil reescrito de arriba abajo y una rutina semanal que cabe en tu agenda. Eso es el módulo 1 entero: la base sobre la que el resto del curso monta el contenido y la prospección.
Seguir con el curso completo
Hasta aquí el módulo 1 completo del curso LinkedIn con IA: Marca Personal y Ventas B2B, abierto y sin registro. Los módulos restantes, los ejercicios guiados y las plantillas de trabajo están dentro del curso.
- Curso completo por 47 €, con acceso permanente y actualizaciones incluidas.
- Pack de acceso total por 197 €, si quieres todos nuestros cursos en lugar de uno.
- Garantía de 14 días: si no te sirve, te devolvemos el dinero.
Llévate el cuaderno de trabajo de este curso
Es el kit de recursos en PDF de LinkedIn con IA: Marca Personal y Ventas B2B: las lecciones de cada módulo en forma de checklist y espacio para anotar qué vas a aplicar. Es el mismo que reciben quienes compran el curso. Te lo enviamos al correo, gratis, sin compromiso.